miércoles, 10 de febrero de 2016

LACTANCIA MIXTA

...me viene a la mente este primer momento, y todos los que le sucedieron con respecto a la lactancia materna. 

...el olor a leche, el calor que desprendían, lo tranquilos y agusto que estaban enganchados a mí, lo saciados que se quedaban... 

La teta funcionaba para todo, y funcionaba muy bien. Comían cuando necesitaban, se calmaban cuando lo necesitaban, me miraban fijamente cuando lo necesitaban. Y yo les necesitaba a ellos así, dándome mucho amor, llenándose del mío. 

Una experiencia única y maravillosa: animal. 


Me considero una persona defensora de la crianza natural, entendiendo que la lactancia materna es la mejor opción para nuestrxs hijxs, no sólo nutricionalmente hablando, sino porque favorece ese vínculo madre-bebé tan importante y necesario en el puerperio.

En mi caso concreto, ya os conté en la entrada anterior, de qué forma tan bella comenzó nuestro camino por la lactancia materna. Sin embargo, echando la vista atrás, he de reconocer que fue una experiencia difícil para mí, aunque no por ello lo hubiera hecho de otra manera. Quizás debí buscar ayuda en una doula, pero estaba tan agotada día tras día que no me encontré con fuerzas. 

Deciros que mis hijos desde el primer momento tuvieron que tomar un aporte de biberón, ya que no se saciaban con el pecho y además tuvieron bajo peso. Imaginad la situación: ponerles a los dos a la vez era muy difícil, ya que no siempre se quedaban bien “enganchados” al pezón y si tenía las dos manos ocupadas, una con cada niño, no podía encargarme de colocarme al que se había desenganchado (que además lloraba desconsolado). Álex intentaba ayudarme, pero aun así era una experiencia posturalmente difícil.
Apostamos entonces por poner primero uno y luego al otro, y después de la teta, cada uno su biberón. Pasó lo evidente: el segundo bebé al que ponía al pecho, lloraba desconsolado mientras mamaba su hermano. Al final decidimos que Álex le diera un biberón mientras el otro tomaba el pecho y luego nos cambiábamos los niños. Tuvimos suerte y los bebés no se desengancharon del pecho a pesar de beber también con biberón (y además usaban chupete).

Ahora vamos a añadir el factor “tiempo”: tardaba unos 20 minutos en dar el pecho a cada uno, mas 10 de biberón, y los niños estuvieron los tres primeros meses (hasta que cogieron un peso aceptable y no eran tan demandantes) comiendo cada dos horas y media. Sí, habéis leído bien, cada dos horas y media. Podéis imaginar el sacrificio, el trabajo físico que nos costó seguir con la leche materna, aunque siempre merecía la pena emocionalmente hablando. Para mí era reconfortante y muy bonito.

Cuando los niños tenían 5 meses, Gael empezó a no querer comer teta, en cambio el biberón lo devoraba. Estuve luchando con él unos 15 días, intentando que siguiera comiendo teta, dejando los biberones en algunas tomas… pero nada, el pobre lloraba desesperado muerto de hambre, y teta no quería. Finalmente decidí dejar la lactancia materna con Gael. Héctor no tardó mucho en hacer lo mismo. Total, que a los seis meses se acabó la lactancia materna, y mentiría si no sentí pena y alivio a partes iguales.


A partir de los seis meses empezamos el BLW (baby led weaning), o alimentación complementaria a demanda, incorporando poco a poco nuevos alimentos (nunca en purés o triturados), y a día de hoy comen prácticamente de todo lo que comemos nosotros (sin azúcar, sal y otros alimentos prohibidos para niños de un año, por supuesto), pero ya os hablaré en otra ocasión de esto. 

S.

domingo, 7 de febrero de 2016

MI "NO PARTO": CESÁREA DE MELLIZOS

Hoy voy a contaros mi experiencia como "mujer no-parturienta" pero a la vez mujer dadora de vida, y de mucha vida.

Antes de nada me gustaría aclarar por qué, siendo defensora de todo lo público, tuve a mis hijos en el hospital privado "NH Nuevo Belén".
Cuando me quedé embarazada, al haber sido por FIV, me hicieron una primera ecografía a las 5 semanas (para comprobar que el embrión había implantado bien). En esta primera ecografía, sólo se vio un embrión, por lo que creí que iba a tener un solo hijo.

De esta manera, empecé a pensar en dar a luz de forma natural, pero que no fuese en casa, ya que me daba más seguridad que fuese en un hospital por si había algún tipo de complicación. Busqué entonces opciones, y encontré que en el hospital "NH Nuevo Belén" ofrecían una sala para parto natural, donde tú podías elegir además a tu partera.  Fui, me informé, me gustó.
En la ecografía de la semana 8 me dieron la sorpresa: "¡SON DOS!" (para más detalle, mirad la entrada "sorpresón" ), y junto con este notición, unos resultados de hematología que confirmaban que tenía una alteración en la sangre, por lo que necesitaría pincharme heparina TODO el embarazo.

Con este nuevo rumbo que había tomado todo, tuve que decidir qué hacer. Un parto natural ya no era viable... Conocí entonces al obstetra y ginecólogo "Petrit Dibra Doko", que atendía en el "NH NB (por abreviar). Me gustó, me transmitió una calidad humana inmejorable (tuvo que atenderme en muchas ocasiones en urgencias, debido a los sangrados) y además tenía mucha experiencia con embarazos y partos gemelares y no le suponía un reto nuevo enfrentarse a una embarazada heparinosa (por lo visto es una cosa muy común).

Bueno, habiendo aclarado esto, vamos con el "no-parto".

En la semana 36 empecé a tener bastantes contracciones, y una noche en la cama noté que se me salía un poco de líquido. Fui inmediatamente a urgencias, me atendió un hombre (que no era mi ginecólogo) y me hizo la pregunta incómoda a la par que gilipollesca: "¿no será orina?". Pues no, no era orina. Me pusieron monitores y no vio nada raro, así que para casa.
No me quedé conforme y a la mañana siguiente fui a ver a Dibra Doko. Volvió a hacerme monitores y una ecografía, y muy serio me dijo que había sufrimiento fetal, que los niños tenían que salir ese mismo día. Estábamos en la semana 36 y 6 días, era un 17 de febrero de 2015, y allí me encontraba  yo, con Álex a mi lado, escuchando que ese mismo día íbamos a ser padres.

En la ecografía se vio que los pequeños tenían la posición del dibujo que aparece ahí arriba: Gael (el bebé más grande) estaba bocabajo colocadito y Héctor estaba de forma transversal bastante mal colocado, oprimiéndome los pulmones. Había que sacarles cuanto antes, a las 14:30 me harían una cesárea.

Me subieron a la habitación, me pusieron dos cunitas de metacrilato al lado de mi cama y allí estuvimos toda la mañana hasta que a las dos vinieron a por mí con una silla de ruedas.

Acordamos con Dibra Doko que Álex estaría en todo momento conmigo, por lo que le prepararon a él también con ropa de quirófano. Me pusieron la dolorosísima raquídea, y me tumbaron atándome los brazos en forma de cruz (porque esta anestesia puede ocasionar movimientos involuntarios en los brazos). Mi cuerpo se durmió de pecho para abajo completamente y todo fue muy rápido. Álex estaba detrás de mí, notaba su voz al lado de mi oído, y eso me relajaba y me llenaba de amor... entre dos obstetras hicieron la cesárea, y yo pude verlo todo reflejado en la lámpara del quirófano.

Personas impresionables, no sigáis leyendo.

Pero exactamente, ¿cómo fue la cesárea? Vi en la lámpara como me abrían la tripa con un bisturí, y después noté cómo entre los dos me abrían la carne, con mucha fuerza. Apartaron partes de mí y después me dijeron que iban a sacar al bebé más grande... salíó dentro de su bolsa, que rompieron inmediatamente junto con el cordón que nos unía, y una especie de pajarillo asustado y mojado empezó a llorar. Movía sus pequeñas y delgadas extremidades, las enfermeras me lo enseñaron: era Gael... "¡Qué pequeño es!" (dije llena de miedo), "Pues éste es el grande", me dijo Dibra Doko, y se lo llevaron rápidamente a limpiarlo y hacerle el test de Apgar. Los médicos volvieron a la carga, esta vez a por Héctor, que nació justo cuatro minutos después de su hermano. Ver a Héctor produjo en mí un sentimiento mayor de miedo si cabe que ver a su hermano... era demasiado pequeño, pequeñísimo. Sus piernecitas parecían hilos de lana finos y frágiles, y su cabecita era tan chiquitina... Me lo acercaron, y enseguida se lo llevaron igual que a su hermano.

Entonces aparecieron las enfermeras con los dos bebés envueltos en toallas blancas, con gorritos blancos... verles tranquilos así, tan protegidos y calentitos fue lo más bonito que recordamos su padre y yo... "qué bonitos son, qué bonitos son", decía esta recién madre sin parar. Un momento precioso, aunque efímero. Se los llevaron, y apenas me dio tiempo a verles unos segundos... Álex fue con ellos, y yo no paraba de repetirle que hiciera el piel con piel, mientras se me saltaban las lágrimas de la emoción del momento y me quedaba sola con los médicos, que se pusieron a coserme. Mientras me hablaban con mucha alegría, de lo bien que había salido todo, que los bebés estaban muy bien, y que me habían hecho una obra de arte en la tripa. "¿Está quedando bien?", "Está quedando tan bien que este verano en lugar de bikini te vas a poder poner un tanga si te apetece", y nos reímos mucho.

Pues ya estaba cosida, ahora me moría de ganas por subir a la habitación con mis niños y mi hombre... estaba deseando llegar. Me llevaban tumbada en la camilla y yo estaba como loca mirando a ver si veía también a mis padres... Les vi, pero todo muy rápido también, había algo que yo no me encajaba, todos con prisa y nadie me decía nada.

Entonces ocurrió algo horrible para mí en ese momento: llegar a la habitación y ver las luces apagadas: VACÍA. No había nadie allí. No estaban mis niños, no estaba Álex. Nadie sabía decirme nada, me tumbaron en la cama de la habitación y allí estuve sola un rato, sin saber qué había pasado.

En unos minutos que se me hicieron eternos, lloré muchísimo. Me sentí fatal... no puedo describir la sensación de soledad y vacío que sentí... muy doloroso, mucho.
Por fin apareció Álex, que me explicó que los niños habían nacido mucho más pequeños de lo que los médicos habían estimado, y que les habían metido en la incubadora... además Héctor necesitaba glucosa y le habían puesto una vía en el tobillo... en ese minúsculo y fino tobillo... empecé a tener ganas de vomitar.

Poco a poco la anestesia fue desapareciendo, y comenzó el dolor físico, que unido al dolor emocional que sentía, hicieron de las siguientes 48 horas un infierno. Sin dormir, sin ver a mis hijos, con un dolor tan insoportable que me pusieron morfina, vacía y sola. Terrible.

Dos días después pude sentarme en una silla de ruedas y entonces subir a ver a mis hijos, por fin. Esa primera visita a neonatos fue durísima: me acercaron a Gael, fui a cogerle y las enfermeras me echaron la bronca porque "no le cogía bien" (¡anda ya!, la naturaleza es sabia y yo solo quería acunarle junto a mi pecho). No me dejaron, me sentí muy mal, incapaz de hacerme cargo y de hacerlo bien... me reconfortó ver a Álex cogerles, cómo las enfermeras (que le habían estado instruyendo magistralmente estos dos días) alababan los progresos del único padre que allí se encontraba. Quise irme de allí, quise volver a mi habitación y esconderme. Tuve esa reacción infantil que ahora no sabría explicar ni entender, pero así fue.

Dos horas y media después nos llamaron porque los niños necesitaban que les diésemos la siguiente toma, y entonces, al sentir esa necesidad, no sé cómo, noté algo muy raro en mi cuerpo y de mis pechos empezó a brotar leche. Me sentí feliz, plena, mujer, MADRE, madre por fin... ¡¡¡MADRE POR FIN!!!

Subimos y entonces ya no tuve más miedo. No iba a volver a dejarme amedrentar por unas enfermeras frías con poca capacidad empática. Para mi sorpresa y alegría, había cambiado el turno de enfermeras, y esta vez me atendió una matrona encantadora, dulce y cálida, que puso a Héctor en mis brazos mientras me explicaba cómo tenía que hacerlo para poder coger a los dos a la vez. Así, del tirón, el primer encuentro de amor real con mis hijos se produjo en ese momento, con los dos a la vez.

Como si fuese magia, ambos se engancharon a mis pezones, extrayendo de mí su sustento, y con él se iba mi vida en forma de amor inconmesurable... no puedo tampoco describir la alegría y la paz de este momento. Vi a Álex llorar por primera (y única) vez, de alegría...  y fue todo tan bello... Qué bonitos eran, pensaba. Estaban desnudos sobre mí, una mantita les tapaba... estaban tan calentitos, olían tan bien... tan guapos... sus bracitos me agarraban, cada niño a su teta correspondiente, y como si lo hubiesen hecho toda la vida, mamaron hasta saciarse, quedándose dormidos en mis brazos.

Cuánta belleza... me sentí una loba con sus hijos. Mis pequeños cachorros... por fin estábamos todos juntos y podíamos recuperar el tiempo perdido. Nunca más iba a separarme de ellos contra mi voluntad.

Y así fue, a partir de ese momento todo fue más fácil.

Aquí están, los momentos más duros y más bellos de mi vida... Y yo, emocionada, me voy a secar las lágrimas. Un abrazo, preciosas, y mucho ánimo si alguna tiene que pasar por esta experiencia... todo el amor compensa siempre el dolor hasta borrarlo casi por completo de nuestra memoria.

S.

sábado, 6 de febrero de 2016

¡¡PRIMER AÑO SUPERADO!!

Hola, queridas lectoras...

Sí, como siempre, mucho tiempo sin escribir, muchísimo... tanto que cuando he visto la foto de la última entrada no recordaba a mis hijos así.

Os dije que os hablaría de muchas cosas, y así es, tantas cosas quería contaros... sobre la difícil lactancia materna con mellizos, lo mal que se nos dio el tema del porteo, la experiencia BLW (Baby led weaning) y el fin de los purés, las distintas visitas médicas protocolarias (y en nuestro caso innecesarias) que hemos tenido que hacer por ser los niños prematuros (de la semana 36+6), los cambios y finalmente encontrar una rutina válida para nosotros como familia, mi reincorporación al trabajo, etc...

...pero el tiempo se ha convertido en algo valioso y escaso, y la verdad es que siempre he encontrado algo mejor que hacer que ponerme a escribir en el blog.

No sé por qué retomo ahora... me apetecía saludar, ver qué tal os va, en vuestros mundos blogueros... y contar que los niños tienen ya casi casi un añito, ¿queréis verles?

 ...¡¡pues aquí les tenéis!

Los Bonitos... cuánta alegría han traído a la casa, a nuestro hogar...
Una se imagina mil veces cómo será la experiencia de ser madre, pero es tan diferente... tan intensa en todos los aspectos... aprovecho para recomendaros un libro que me ha acompañado en este proceso del primer año de crianza: "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de Laura Gutman.

Quizás lo que más me ha costado como madre es entender que la maternidad no es un camino de rosas frescas en un atardecer dorado, sino que es una experiencia compleja, llena de emociones encontradas, de hormonas bailando alrededor de nuestros cuerpos que intentan recuperarse del
 parto, de cambios irreversibles en nuestra cotidianidad, en nuestro espacio vital, que se ve reducido temporalmente hasta la inexistencia...

La pérdida de la propia identidad, que ahora es suplantada por todo lo que somos ofrecido a nuestros hijos...

...y a pesar de ello, que sea lo más bonito y lo más indescriptible que te haya pasado en la vida...

Con mellizos el tiempo pasa demasiado deprisa, apenas hay tiempo para ir sacando unas fotos, inmortalizar, escribir unas líneas en un cuaderno y disfrutar...

...seguiré informando.

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jueves, 23 de abril de 2015

DOS MESES

Los Bonitos han hecho ya dos meses... ahora tienen pelito por toda la cabeza, han cogido bastante peso (rondan los 5 kilillos ambos) y empiezan a interactuar de manera muy graciosa con todos... nos sonríen, sueltan alguna vocalización, nos siguen con la mirada, se ponen nerviositos si les dices cosas... están para comérselos.

Por fin puedo decir que mi experiencia como madre es POSITIVA, muy positiva... (y es que los comienzos fueron difíciles...).

Empiezo a tener ratitos para mí, o al menos puedo empezar a delegar en otras personas (Álex y los abuelos) para retomar cosas de mi vida que me hacen seguir sintiendo que "soy yo", que estoy aquí... que sigo existiendo y no soy sólo "Soraya madre".

Hoy por ejemplo he tenido mi "ratito de belleza": me he teñido el pelo, depilado, pintado las uñas... y qué queréis que os diga, me siento como nueva...
Con respecto al trabajo, he decidido cogerme una excedencia hasta que los niños tengan prácticamente un año, por lo que voy a seguir disfrutando de esta experiencia, y me siento afortunada y feliz por ello.

Son escasos los momentos que tengo para estar con el ordenador y el teclado, sin embargo como ya os dije la otra vez, os sigo leyendo y sonrío cuando veo la falta de noticias de otras mamis de melliz@s :) aaaayyy... qué bien os entiendo ahora...

Ya se están despertando, ¡¡¡no me cunde!!! :D os mando un abrazo muy gordo, y espero poder dedicar más tiempo a escribir la próxima vez, que tengo muchas cosas que contaros.

Mil besos,

S.

lunes, 23 de marzo de 2015

...SOBRE NUESTRA NUEVA VIDA

Hola, compañeras blogueras.
Ha pasado ya algo más de un mesecito desde que los bonitos llegaron al mundo, y hasta ahora no he tenido tiempo (ni físico y mental) como para poder dedicar un rato a escribir una entrada.

Intenso. Emocional y físicamente intenso, así puedo resumir lo que llevamos vivido de esta experiencia.

En mi caso, la teoría no ha servido para nada. Todo lo leído y aprendido hasta ahora no ha sido válido... lo que más me está aportando es el día a día, la experiencia y el contacto directo con cada uno de mis hijos, el irles conociendo y aprendiendo qué es lo que hacer en cada momento... (y volver a equivocarnos, las veces que hagan falta).

Bueno, otro día os hablaré tranquilamente del parto, pero sí os diré que nacieron en la semana 36 y 6 días, con lo cual se consideran prematuros (es así hasta la semana 37, por lo que son prematuros "por un día"), y aparte tuvieron bajo peso (a pesar de superar los dos kilillos y algo), por lo que medicamente hablando estamos pasando todos los protocolos de prematuridad (complementos alimenticios, biberones "extra", valoración en el centro de atención temprana, visitas semanales al pediatra, etc.). Vamos, un seguimiento más exhaustivo.

Tantas visitas al final resultan una dificultad añadida a esto de ser padres de dos bebés...

Los días han dejado de tener horas, todo transcurre en ciclos de tres horas: empezamos con la toma, primero uno a la teta, después el otro (me gusta dedicarle ese ratito a cada uno de ellos, aunque a la imagen me remito, que alguna vez les doy a los dos a la vez, sobretodo si ambos están muy nerviosos y hambrientos). Después de 20 min cada uno, llega el papá con los bibes, y le da uno a cada uno. Ahora viene sacarles los gases y cambiarles el pañal  y la ropita, si fuese necesario. Y después, viene el tránsito de la "actividad" al descanso, para lo que normalmente necesitan un poquito de bracitos, canciones, besitos, mecerles... en fin, cosas de bebés preciosos y padres cariñosones :)

Intento que haya dos períodos, "de día" y "de noche". En su cunita normalmente sólo están "de noche", y el resto del día intento que estén en el resto de la casa, y para dormir a sus capazos, que también les encanta... durante el día hacemos cosas como salir a pasear, escuchar música, tiempo para masajes y canciones, recibir visitas... así que normalmente se mantienen bastante activos en la medida de lo posible, descansando siempre que lo necesitan, pero también disfrutando de otras cosas si ellos lo demandan (anda que no se nota cuando no quieren dormir...).

De los cólicos y depresiones post-parto mejor os hablo en otra entrada, que ahora estoy cargadita de energía y quiero seguir así el resto del día, jajaja

Hasta ahora había estado escribiendo con una mano mientras la otra mecía a Gael, ahora parece que se ha quedado dormidito... voy a aprovechar para leeros, que tengo todos los blogs abandonaítos.

Un abrazo a todas, ¡os voy contando!

S.

sábado, 28 de febrero de 2015

...¡¡¡Y LLEGARON LOS BONITOS!!!

Silencio. Toda la casa es silencio, y alegría... Silencio, esa palabra que pensábamos que íbamos a olvidar usar nos sorprende saliendo por los rincones, igual que la alegría de tenerles aquí...

Nacieron el día 17 de febrero, os contaré en otra entrada cómo fue el nacimiento, pero de momento os adelanto que me hicieron una cesárea, y que pesaron bastante menos de lo que habían estimado: Héctor 2'200 y Gael 2'400... les tuvieron en neonatos los cuatro días que estuve ingresada.

Hoy llevamos ya una semanita en casa, y ¿qué puedo deciros? madre mía... la de veces que había leído eso de "tu vida va a cambiar por completo", y ni por asomo eres capaz de imaginar lo que realmente supone ser madre...
Los días ya no tienen sol, ni luna... ahora son todo ciclos, pequeños ciclos que empiezan con olor a leche, y que terminan cuando los pequeños vuelven a descansar tranquilos en su cunita.

La única ventaja que tuvo que estuvieran en la UCI, fue que cogieron unos buenos hábitos de comer cada tres horas y dormirse solos en su cunita, cosa que a día de hoy agradecemos enormemente... durante el día se mantienen muy tranquilos, y sólo hay una hora, a eso de las 10-11 de la noche, que lloran sin consuelo, "la hora tonta", como dice la matrona... aparte de eso, cada día que pasa es todo más fácil... succionan y por tanto comen mejor, nosotros somos más eficientes en los cambios de pañal y tardamos menos, yo voy cogiéndole el tranquillo a esto de amamantar a los dos a la vez... y como ayer me quitaron las grapas de la cesárea, hemos salido todos juntos por primera vez hoy a dar un paseo y comer en casa de los abuelos.

Aquí está el pequeño Gael, también llamado "Pepón","Tragabollitos" y "Tomatito cherry "(esto último gracias a las matronas y enfermeras de neonatos).

Gael es un bebé que tiene una seriedad pasmosa, con gestos de gran pensador, y que me recuerda mucho a su padre.

Su principal motivación es la comida, pero no la que proviene de la teta, sino la que sabe que después llegará con el biberón (que todavía les seguimos dando como complemento hasta que cojan un poco más de peso).

Tiene mala leche, lo quiere todo YA, y si no lo consigue, se pone rojo (como un tomate cherry) y entonces la lía, llorando y emitiendo unos cánticos maravillosos, poniéndose muy tenso él...

Escuchar ese "LA LA LA LA LA LA" suyo es música celestial para nuestros oídos, es vida y mala leche, pero vida al fin y al cabo... (y es tan bonito...).

Éste es Héctor, el pequeño muñeco. Héctor tiene a la familia (y a su padre) conquistados. Es muy risueño, muy tranquilo y buen comedor de teta, además de un succionador de campeonato.

Disfruta escuchándome cantar, y desde hace unas horas he comprobado como si le hablo desde cerca, gira la carita y me busca con la mirada, aunque todavía la mayor parte del tiempo tiene los ojitos cerrados.

Héctor huele muy, muy bien... y se deja achuchar, pero a la vez es paciente y no le importa esperar a que le toque su turno de mimos y besitos.

También llora, no os creáis, pero sólo en casos excepcionales y con un timbre de voz que rompería cristales si no le cogiéramos de inmediato.
Mi pequeño enamorado de la vida...

Empezamos a conocernos los cuatro, bueno, en realidad los seis, que las gatillas les cuidan y les vigilan un montón...

Lo bueno de tener dos, es que no me da tiempo a tener depresión post-parto, aunque el cansancio llega a cotas muy altas...

Para mí, lo más importante es contar como siempre con el apoyo incondicional de mi hombre, que ahora más que nunca está a nuestro lado, diciéndonos lo mucho que nos quiere (y lo guapa que estoy, que en una semana me he quitado 12 kilos).

...todo vuelve poco a poco a la normalidad, pero ahora la normalidad cuenta con dos vidas maravillosas más que hace que seamos inmensamente felices y afortunados.

La vida empieza ahora.

S.


miércoles, 11 de febrero de 2015

36 SEMANAS


Llegamos a las 36 semanas... (alivio).
Suspiro, cojo aire: vengo de la calle. Andar dos pasos es muy costoso... pero sigo intentándolo, sigo haciéndolo...
Tengo hambre, todo el día... la engaño con fruta y zumos naturales, pero lo que me pide el cuerpo es chocolate en todas sus vertientes. Logro luchar con esa ansiedad de atracar la bandejita del chocolate.
Me miro en el espejo: veo una imagen distorsionada de mí misma... en un par de días me ha cambiado la cara, la tengo hinchada... me veo distinta, esa no soy yo...
Tengo sueño, duermo a deshora, y siempre de manera interrumpida, a ratos.

...y mientras escribo, un constante hormigueo recorre mis dedos, ahora hinchados.

Vaya experiencia de vida tan grande, el embarazo... echo la vista atrás y contemplo las fases por las que ha pasado esto, sonrío... qué camino tan bonito, tan lleno de emociones distintas...
El embarazo me ha puesto a prueba cada semana, cada mes, cada trimestre... y lo mejor de todo es que los bonitos han estado bien todo el tiempo... era yo la que cambiaba, era yo la que tenía que luchar con mi propio cuerpo, la que tenía que confiar en que todo iba a salir bien, tranquilizarme y amar... sólo eso: tranquilizarme y amar.

Lo hemos conseguido, soy feliz...

Cuando sonrío me sigo viendo bien, me encuentro a mí misma... ah, sí... aquí estoy yo...

Quiero despedirme del embarazo con alegría y con un poquito de pena también, porque quiero recordar todos los momentos maravillosos que nos ha regalado... Me siento más unida que nunca a mi hombre, y a mi familia... y todas esas personas que debieron estar y ya no están, siguen presentes, disfrutando de este transitar de la vida.

Todo está apunto de cambiar, siento vértigo, un vértigo alegre... miro a mi alrededor, escucho atentamente: silencio. ¿Qué será el silencio dentro de una semana? Probablemente sólo una palabra... pero quiero desterrarla un poquito de mi vida, ahora quiero oír, quiero sentir, quiero oler...

En el mar me sentía libre, como ahora... extrañamente libre... éste es el camino que he elegido, junto a la persona que está a mi lado, y me siento libre por ello...

Lo hemos logrado, mi amor.

S.